Si se habla de Desarrollo Sostenible es preciso hablar de los tres pilares básicos que lo sostienen: medioambiental, económico y social.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son 17 objetivos que se desglosan, cada uno, en diferentes metas.

A diferencia de los Objetivos del Milenio que había previamente, los ODS son un compromiso de todos los agentes: empresas, administración y sociedad civil, pues se entiende que es la única manera de generar un cambio real, sólido y que transforme la sociedad en todos sus ámbitos.

Cada agente del ecosistema económico puede aportar en uno o más objetivos:

  • el consumidor, con un comportamiento responsable y eligiendo las marcas que actúan en pos de alguno de los objetivos (recuerda que como consumidor, votas a diario, porque cada compra es un voto).
  • las empresas, aplicando políticas de RSE para actuar de forma responsable, sin dañar el entorno con sus acciones o reparando el perjuicio que pudieran ocasionar. Con los ODS, las pymes y startups también podéis actuar.
  • la administración, con políticas favorables, que incentiven las acciones orientadas a cumplir con los objetivos, sobre todo a nivel empresarial.
  • los inversores, apostando por proyectos que reducen su riesgo de actividad o reputacional gracias a políticas de sostenibilidad e impacto positivo.

Lo importante es entender que los ODS se crearon para crear un entorno más favorable a todos, más colaborativo, donde se reduzcan las diferencias y donde todos actuemos para impactar positivamente en nuestro alrededor.
No es un sello, ni un parche. No es una pose, ni una imposición. Son unos objetivos comunes para generar alianzas entre los diferentes agentes para conseguir un mundo mejor para todos y no sólo para unos cuantos. Así lo dice el ODS 17.

La energía no solo es un bien básico y esencial; la energía es lo que ha transformado el mundo a lo largo de la historia y es un agente de alto impacto en la sociedad la economía y el medioambiente.

Una gestión eficiente del consumo energético es un requisito imprescindible para la sostenibilidad económica de las organizaciones.

La producción y el uso de energía representan dos tercios (66%) de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Además, existen importantes impactos sociales relacionados con el suministro energético, como son los conflictos armados, crisis migratorias, enfermedades y muertes prematuras.
Nos hallamos en un momento decisivo de la historia. La tecnología de comunicación de Internet y las tecnologías que aprovechan los recursos energéticos renovables y que mejoran la eficiencia energética están desarrolladas y son, en gran parte, competitivas en precio.

Estas tecnologías presentan características radicalmente diferenciales:

  • los recursos son fácilmente accesible y gratuitos
  • pueden renovarse con el cambio de las estaciones y los ciclos de la Biosfera
  • pueden encontrarse en nuestra propia casa y lugar de trabajo y se distribuyen de forma relativamente igualitaria en la tierra

Aprovechar su potencial nos ofrece la oportunidad de convertir el acceso y la generación de energía en derechos inalienables que contribuyan a la generación de oportunidades de desarrollo a nivel global (acceso a la salud y la educación) y a frenar el cambio climático.

Como defiende Jeremy Rifkin, en su obra La civilización empática, los modelos energéticos y los sistemas de comunicación son los catalizadores de las grandes transformaciones (revoluciones) sociales, tecnológicas y económicas de la historia.
Si el siglo XX fue testigo de la ampliación de los derechos políticos y las oportunidades educativas y económicas para millones de personas en todo el mundo; en el siglo XXI, debemos exigir y contribuir a que el acceso universal a una cantidad mínima de energía capaz de extender las oportunidades de desarrollo a toda la humanidad (educación, sanidad y capacidad de generación económica) se convierta en un derecho social y humano inalienable; y a que todos tengamos el derecho y la oportunidad de generar nuestra propia energía en lo local y compartirla con los demás a través de redes interconectadas regionales, nacionales y continentales.

Parafraseando a Cristina Figueres “Las acciones que emprendamos en los próximos tres años tendrán impacto en el bienestar de las próximas décadas”

De acuerdo con el último informe de REN21 (Renewable Energy Policy Network) resulta evidente que para avanzar hacia el ODS7 (Garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos) es necesario planificar más y mejor en todos los territorios y sectores y diseñar políticas complementarias en los distintos niveles de gobierno en diálogo entre el sector público y privado; así como construir capacidades tanto a nivel técnico como político. Y ese es el reto al que ISENER quiere contribuir.

El reto es urgente, la tecnología está en gran parte desarrollada y es competitiva; la clave está, por lo tanto, en la gestión y las políticas energéticas.
En ISENER apoyamos, acompañamos y asesoramos a administraciones públicas, municipios y ciudades en definir estrategias y políticas energéticas alineadas con los principios de la transición energética y los Objetivos de Desarrollo Sostenible: minimización de los impactos sociales y ambientales, generación cercana al consumo y soberanía energética.

  • Definición de Estrategias y objetivos mediante metodologías inclusivas de participación ciudadana
  • Elaboración de planificación,  Indicadores y Fuentes de Verificación coherentes con los ODS de la agenda 2030
  • Acompañamiento en la implementación y seguimiento de los planes
  • Evaluación y difusión de resultados

 

“Todos los países quieren aplicar la Agenda, pero no saben cómo hacerlo. Los retos son evidentes y no podemos postergar la acción”

Arnau Queralt, Director del Consejo Asesor para el Desarrollo Sostenible de Cataluña (CADS)