Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) el 20% de la población mundial sigue sin tener electricidad y una proporción aún mayor sufre cortes de electricidad persistentes.  En torno al 40% de la población mundial (2.700 millones de persona) en la actualidad utilizan combustibles de biomasa tradicional para cocinar y calentar sus hogares  (madera, residuos agrícolas, carbón vegetal y mineral y excrementos de animales), en fuegos abiertos y en cocinas con fugas. Esos combustibles de baja calidad pueden ser una fuente importante de contaminación del aire interior.

A medida que la globalización sigue conectando el planeta mediante redes de comercio cada vez más extensas, los países pueden incrementar y diversificar su patrimonio energético mediante las importaciones. Sin embargo, si un país tiene un bajo nivel de desarrollo y los costos de la energía (que están cada vez más determinados por las fuerzas financieras mundiales) son elevados, la población carecerá de acceso a la energía independientemente de la magnitud o la diversidad del patrimonio energético del país en cuestión.

El 70% de los territorios con menor acceso a la electricidad están en el sur del continente africano

La ausencia de infraestructuras para acceder a la electricidad e instalaciones adecuadas para cocinar y la falta de capacidad para satisfacer las necesidades energéticas básicas tiene numerosos impactos negativos en la vida de las personas y en el medio ambiente.

En muchas zonas, la búsqueda de leña y combustible ha causado una deforestación de enormes proporciones.

El acceso a la energía aporta numerosos beneficios en las siguientes áreas:

  • Educación:
    • Reduce tareas del hogar y permite disponer de más tiempo para ir a la escuela.
    • Ofrece la posibilidad de estudiar por la noche
    • Permite acceso a computadores, radio y televisión
  • Salud y Atención Sanitaria:
    • Mejora calidad de la atención: permiten extender horario de atención y suministrar vacunas y medicamentos refrigerados.
    • Mejora la salud:
      • facilita acceso agua potable y saneamiento (bombeo de agua)
      • reduce riesgos debidas a la recolección y uso de combustibles fósiles
  • Crecimiento económico
    • generar nuevos emprendimientos (nuevos productos y servicios)
    • ampliar horarios comerciales
  • Mayor seguridad (iluminación pública)
  • Equidad de género

El acceso a los servicios de energía es prerrequisito para alcanzar el desarrollo humano (a nivel personal, nacional y global).

El crecimiento de la población de la India, el África Subsahariana y otras partes del mundo en desarrollo va a continuar, y también aumentará el consumo económico per capita, con lo que se creará una demanda mucho mayor de los servicios citados y, por tanto, de acceso a energía moderna. Durante el próximo cuarto de siglo, aproximadamente el 90% del crecimiento de la demanda energética corresponderá a países que no son miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos, esto es, países que no forman parte de las economías ricas occidentales ni el Japón. Satisfacer esta oleada creciente de energía será uno de los principales retos del siglo XXI y es una de las razones por las que ocupa un lugar tan destacado entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible